domingo, 30 de diciembre de 2007

SE BUSCA ANZUELO

Son las personas que se niegan a pisar nieve ya hollada las que saben a donde van. En el instituto, mi amigo Bayon me atrajo por eso. Para llegar al él había que franquear entonces un inmenso lodazal vivo en los días de lluvia. La grande mayoría prefería dar un largo rodeo por un acceso alquitranado habilitado exprofeso, poniendo extremo cuidado en no mancharse. Pronto adopte el sendero de Bayón. Mientras nuestros pasos se tragaban la distancia que nos separaba del Instituto, Bayón me hablaba con absoluta normalidad. El barro se adhería a nuestras botas como el infortunio a la vida, con esa pringosidad que obliga a apelar a los stocks de resistencia y dar un taconazo en la vida para que se desprenda, sin conseguirlo muchas veces. Pues mi amigo Bayon aun estando metido en un inacabable lodazal no perdía capacidad de conversación, solo los heresiarcas hacen cotidiana su discrepancia. A pesar de implicarme como epígono, y al contrario que el heresiarca Bayon yo intentaba seguirle pero no podía enajenarme del instinto de conservación que me impelía a negociar los charcos o las peligrosas rampas. Es más fácil cuando la iniciativa y la responsabilidad son asumida por otros. El ser humano es gregario por naturaleza.
Bayon no era líder de masas pero sí de si mismo y esto suele bastar. En una protesta estudiantil que es río en cuya corriente se deja caer la mayoría, que mantiene la espuma de su militancia a base de la indolencia adolescente, superficial e inherente a las primeras improntas de la identidad, jovialidad y superficialidad pudo verse su proverbial singularidad. Mientras la masa protestataria dirigía su estrepitoso caudal hacia el centro urbano, entre consignas fáciles, mi amigo transitaba por el afluente rebelde y contracorriente en busca de la sierra, como solazándose en sus orígenes. Discrepar también implica el compromiso espacial de ir a la inversa, que llama poderosamente la atención ajena, provocando generalmente comentarios desaprobatorios que esconden una velada admiración
Es esa rara especie de los verdaderos discrepantes. Los Giordano Bruno, Galileo, Oscar Wilde o Charles Chaplin.
Una amiga muy especial, de reciente adquisición, forma parte de esa etnia, sus creaciones llevan la divisa de los rompe cánones. Se señala por su rebeldía y resistencia a no despreciar ningún recurso que sirva para vehicular la vena artística o quizás no, puede que sea justamente todo lo contrario, el arte utilizado como medio de expresión El arte no solo es forma o plástica, quizás sea nada mas el mas hermoso lenguaje tributario del mensaje, de la idea, la reivindicación, la llamada o el testimonio. Y cuando el contenido desborda el sistema de irrigación que la sociedad preparó para canalizar las singularidades, esas inundaciones suelen ser cuestionadas. Algún día me dirás, pequeña hereje, porque los seres humanos que acuerdan reglas de convivencia tienden a condenar ciertas improntas humana dentro del corsé del tabú, por qué individualmente somos mas lúcidos y por qué lo masivo renuncia a esa capacidad analítica . En todo caso no me arrepiento de haber mordido tu anzuelo, aunque presumo que el ser como eres, el expresarte como te expresas, te ocupa tanto que no lanzas anzuelos a nadie de forma deliberada, que te basta, te alecciona saber que no te mientes a ti misma, que ya es muchísimo..En mi caso admito que pude atar el sedal en uno de los dedos de tu pie, que yo mismo puse el pequeño gancho y que mordí, como una pieza que desea ser cazada. Y que cuando salí de las aguas de tus poemas y pase a la cesta de tu capital humano pude ver que había mas, mucho mas.. Todo el que discrepa sabe porque lo hace. Con la sinceridad que a veces supuso finales terribles para el que no comulga. La duda es desde luego la mayor de las certezas humanas. Pero cuestionar lo consagrado como axioma inapelable, eso que lleva el pomposo nombre de canon, obliga a pagar el impuesto de la incomprensión primero, más tarde el desprecio y finalmente la condena. La conveniencia es pura estática y la discrepancia, sobre todo la individual, se mueve con pulsos dinámicos. La grandeza del pensamiento griego esta no en su desarrollo solo sino en la capacidad que tuvieron de desembarazarse de los barrotes de universo propuesto por lo cultos y problematizarlo, desafiando al logos (la razón) humano. Ese fue el tejido de su discrepancia. Es ese el modelo si no a seguir si a admirar, liberarse de los grillos de tradición compulsiva de la moral cristiana y ponerse medias con adornos barrocos, diferentes, penetrando con impulso propio, aislándose de un entorno restrictivo, y describiendo lo que siente con la honradez más virginal, más liberada, más genuina. Ello pasa forzosamente por pisar la nieve que jamás beso pie alguno.
Peor la actitud humana es acomodaticia por defecto, entrópica por inercia. El logos no compromete solo a la naturaleza racional, exige además otro compromiso, el de la constancia y el esfuerzo. El concepto de Dios no es mas que una ilusión masiva, como dice Paul Jonson, un mundo primario y fácil, y las supraentidades que caracterizan a los cultos no son mas que prótesis mentales ideadas, diseñadas para evadirse del compromiso de plantearse el universo como un reto, aunque otro agente hay poderosamente humano, el miedo. Es mas fácil atribuir una erupción volcánica a una supraentidad colérica que embarcarse en estudios geológicos Aliviarse de ese miedo es prioridad máxima, prioridad irracional, porque Dios es irracional o arracional. Como la más fácil alternativa el culto religioso no propone sino que impone su hipótesis, paradójicamente de forma compulsiva y excluyente, Una propuesta cosmológica que no soporta contratación alguna se presenta impositiva. Ahí radica la perversidad del culto, sobre todo si es monoteísta, la imposición resulta agobiante. No pienses, no analices, solo cree.

DOMINGO 30 DICIEMBRE 2007

miércoles, 5 de diciembre de 2007

FUNERAL DE ILUSIONES

FUNERAL DE ILUSIONES


Dicen que la metempsicosis o metamorfosis, de ser cierta, que ese sería otro tema a debatir, representa un tránsito a otra existencia que viene determinada en su índole en función de la calidad de sentimientos, de la naturaleza de comportamiento exhibido en la precedente. Recuerdo a una chica un tanto especial, de raza hindú, pero sujeta a las más universales de las pasiones, que en eso al final todos somos sinónimos, afirmando con una naturalidad pasmosa que en otro ciclo vital había sido ciervo. Extremo que me servía a mi de soporte para la ironía, abundando en semejante teoría, imbecilizándola, y simulando creerla por ser asunto este de lo mas común. Aunque su poderoso cerebro hindú, realmente notable, notaba enseguida mi incredulidad. Y me reconvenía.
-Pedrito la religión es el bastón que te ayuda a caminar en la oscuridad.
-Pequeña muñeca (“little doll” para los lectores avezados en la jerigonza de Sespir) asiática, te equivocas. Es la religión la propia oscuridad.
La diferencia que media entre mi apreciación personal sobre lo que fueron las Navidades allá en la infancia y la metempsicosis que las ha hecho cambiar diametralmente. Estas fiestas están impregnadas de engaños e hipocresía. Algunos de los primeros forman parte de cierto encanto fantástico lamentablemente caduco
Ya. Pero ¿realmente hay quien se cree mejor persona de lo que es?, n me hagan caso porque la pregunta esta mal planteada. ¿Realmente hay quien no se cree mejor persona de lo que es?. ¡Ah, la vanidad es el intransferible sastre que nos hace vestir los tejidos de la presunción y nos persuade de que semejante indumentaria se adapta a nosotros de forma impecable!. No hay mejor ciego que el que no quiere ver. Pero el ultimo ámbito nuestro, el inconfesable, el de residencia inapelable en nuestro yo mas sincero, resulta inclemente en los mas humanos raptos de conciencia de una realidad solo sospechada.
Quizás la mimetización integral sea una quimera porque debe haber algo en nosotros que no se presta a que el engaño sea completo.
Resulta detestable que las Navidades invoquen a lo mejor que tenemos en nuestro patrimonio humano solo por unos días. Porque en buena lógica esta debiera ser disciplina continua y pactada con nuestra existencia. Ser bueno por compromiso social s ser necio por juicio universal. Con el agravante que supone la mezquina consciencia que confirma semejante mezquindad.
Confieso pertenecer a ese angustioso colectivo que se ajusta a la ética diseñada que depara una bondad forzada por puro esfuerzo intelectual, por sesudo descarte de todo detrimento moral... Me resulta costoso ajustarme a una ética de disciplinada vigencia que conforma quizás el posible merito de mi conducta.
Los conceptos filosóficos suelen carecer de una definición oficial y universal categórica e incondicionada. A nivel personal esta imprecisión conceptual, estas definiciones multiformes y subjetivas me han producido alguna zozobra en mi posible visión del universo. Si la teoría afirma que un diccionario (el burdel de palabras y conceptos) es un instrumento de precisión, que permite ajustar el lenguaje de modo solvente lo que se quiere decir al modo de decirlo, con los diccionarios de términos filosóficos ocurre muy otra cosa. En vez del esclarecimiento del concepto por pura selección se encuentra el infeliz consultante con un desolador piélago de definiciones ninguna de ellas descartable, que conforma un nutrido conjunto de pareceres subjetivos que constituyen una panorámica objetiva del concepto. Semejante fenómeno puede ser trasladable a otros principios más adyacentes y universales. Por ejemplo la vida. Como ahora mismo me siento saboteado por ella me apetece significarme, me da la gana de poner un punto y aparte y lo pongo sin respetar las leyes de la expresión escrita. Hay que hacerse notar como sea.
Os hablaba de la vida. ¿Hay una vida como concepto genérico o hay tantas como usuarios? Este es realmente el quid, La vida entonces como principio pasaría a ser un concepto digno de un diccionario de filosofía por su imprecisión, por su difusión. ¿Interactúa ello como agente disolvente a la hora de precisar su aclaración de forma categórica e inapelable para aleccionar a las masas?. Es posible que si. Realmente lo que necesitamos son axiomas fijos en los que apoyarnos? Creo que en el fondo es lo que deseamos, tener las cosas claras. ¿Son los filósofos y pensadores unos tocapelotas? Si, así lo creemos. Su amor al conocimiento solo a venido a complicar las cosas. La gente, que solo esta obligada como mucho a la mediocridad, no es receptiva cuando el saber se manifiesta con registros tan elaborados. La vida que es team que atañe a todo el que la ejerce si merecería quizás una definición más universal y elástica que pudiera amoldarse a la experiencia individual para satisfacción general. El concepto de dios no pasa de ser, según creemos otra cosa que el contraveneno del relativismo. Dios es popular quizás por eso por que ofrece santuario para todos, Dios asume la responsabilidad de Todo con mayúsculas, de ahí su éxito. Es el clavo ardiendo al que las almas menos sofisticadas se agarran como alivio. La tranquilidad que ofrece la certeza, siempre artificial, de saber que hay alguien a quien achacar la autoría de las cosas. Particular resulta que los cristianos hablan de responsabilidad o autoría de las cosas, nunca culpabilidad. Quien sabe, quizás lo hacen para que les dure el invento.
Pero volvamos al propósito inicial de este texto divergente. Las Navidades. Lo diré a lo celtibero, es el atentado mas cruel a la soledad forzada, que es la peor de todas ellas. Primar a la baja el desarraigo, el fracaso, la tribulación. La espantosa y estremecedora película de la soledad tiene la mejor banda sonora original en los villancicos.

Las Navidades despiertan ya en mí una especie de alma de contable. Tiendo maquinalmente a buscar la soledad y hacer balance del año que agoniza, e incluso me atrevo con las predicciones. Pero no vean en mi un echador de cartas, se lo ruego a ustedes, porque mis predicciones no tienen grande mérito, son tan genéricas que no ofrecen compromiso especial, mis descubrimientos son de oficio. Se que tendré que luchar mas que los demás para conseguir menos. Eso es todo para mí, muy poco para los demás. Solo hay un sector muy específico de mis amigos que lo entenderán. Entenderán la grandeza de nuestra minúscula lucha a los ojos de los que no llevan el alien dentro. Es inútil tratar de explicarlo a unas personas afortunadas que ni quiera saben que lo son.
Acabada la cena de un cinco de enero en un pueblo perdido de la sierra de Béjar, en la que la estrella había sido mi abuelo, con esa gracia no buscada implícita en un modo de expresarse inusual. La forma de decir las misma cosas puede hacerlas mas o menos atractivas. Pues bien me bajé a la puerta del garaje, a cobijarme en la ergástula amena de la soledad elegida. Mientras la noche polar mezclaba mi aliento con las volutas del tabaco remontándose al escaparate de la joyería sublime de un cielo invernal pródigo en su exposición de joyas de plata, de fría plata. A mi la cúpula celeste siempre me sugiere tentaciones de fusión con ella, como esos ofidios que hipnotizan a las aves y acaban cazándola. Croe que solo responde a un deseo soterrado de huir de la realidad, mi realidad, pero ese es otro asunto. Ya me disponía a ponerme la visera de estadístico dispuesto a ajustar balance, haberes y deberes, plusvalías y deficiencias. Algo reclamó mi atención. El cortejo no báquico de la cabalgata de los Reyes Magos. Tres caballos de carga, diseñados para otras labores mas cotidianas, de acarreo y transporte de lomo tres caballos tristes, porque no decirlo, de testuz cansada y mirada muda de brillo vital. Aparecían con algo que asemejaba gualdrapa de rico tejido (sólo simulación ¿eh?), enjaezado con los mejores arreos, que no eran muy vistosos. Formaban el atrezzo de la gran ilusión infantil. Alguna hilaridad me produjo descubrir que los Reyes Magos estaban suplantados por tres conocidos sumamente voluntariosos. Pero ¿que importaba semejante superchería se estaba al servicio de hacer caer en el encanto a la micropoblación infantil?. En ocasión el fin si justifica los medios. Los tres reyes magos asemejaban un cometa que arrastraba una estela de niños y niñas con el brillo del entusiasmo chisporroteando en las hogueras de mil miradas. La estampa curvó mi boca hacia la sonrisa limando las aristas de una vida ya desengañada, refractaria a formar parte como sujeto directo de sincera implicación en el evento, mi vida. No podemos aspirar ya a estas alturas a protagonizar semejante papel que exige ya una candidez, una abdicación de la realidad que no transige con la imposible inercia de una infancia muerta por la madurez. Fije pues la mirada en mil sonrisas inmediatas, e invertí mi atención en mil carreras, algún inopinado lloricio, elemental entre semejante microfauna. Experimentando una coparticipación pasiva en felicidad y lejos en credulidad. Cuando vi al rey Baltasar imposible me fue reprimir la carcajada. Se trataba de German, uno de los hijos del alguacil de este pueblo, con la cara embetunada y meritoria voluntad, iba regando con caramelos la infantil estela. Justo cuando pasaban junto a mi casa, pudo oírse una inesperada amonestación emitida por un muñeco de tamaño liliputiense: “¡German, cabrón, tira caramelos aquí también!”. Decididamente los tiempos son muy otros. A ninguno de nosotros, en nuestra lejana infancia, se nos hubiera ocurrido llamar cabrón a su majestad el rey Baltasar porque nuestro Rey Baltasar era efectivamente el rey Baltasar, el que venía de Oriente, de un lejano reino. Pero si se piensa bien, se llega a la conclusión de que a día de hoy nada es lo que debiera ser o al menos como fué. Todo esta desvirtuado por el exceso... Nosotros solo recibíamos juguetes el 6 de enero, y el resto del año estábamos al verlas venir. Formaba parte de la magia. Dormía en un sencillo cuarto con dos camas, con mi hermano, con paredes austeras adornadas sólo con alguna estampa de algún santo, un armario primario y una bombilla de 20 vatios que lloraba unas miserables gotas de luz mortecina, el resto quedaba a cargo de la ilusión que es poderoso foco instalado dentro de nosotros. Y aquí radica la diferencia con los tiempos que corren. La iluminación interna. La abundancia ha desvirtuado el espíritu. Los dormitorios infantiles de hoy están atestados de jugueterías de toda índole y condición, por ello el entusiasmo murió.
Nosotros nos hubiéramos callado si no nos hubiesen llegado los caramelos del gran rey Baltasar, ¿Cómo enfadarnos con él si solo venía una vez al año?. Ahora están encarnados por hijos de alguaciles que además son cabrones.
La Garganta, miércoles 5 diciembre 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007

CÓMODO AUN VIVE

En un sudario de curvada arena
dicen que la muerte acecha
solo raudales de sangre
muerte vestida de fiesta
la manos hablan chocando
rugidos de plebe insaciable
a las cinco muere lo bello
nobleza y musculo negro
espada, tabaco y oro
sangre seca en el dorso
raices de flores que matan
se hunden chupando la savia
la vileza de filos forjados
un universo de ojos
arpegio de salvajes aullidos
moneda indigna
mercadeo de sangre
hemorragias de prosaicos rugidos
salvas y resplandor de manos
reflejos de barbaraie
A las cinco de la tarde
el sol empuña el cálamo
escribe en letras de fuego
una indigna hoguera
brasas rojas y pedrería
El beso imposible
la belleza tiene una fresa en la boca
la muerte labios yertos
susurros intrusos
bestial vocerío
aplauden las estrellas sucias
mientras un sol negro agoniza
solsticio de barbarie
y encanallado ocaso.
La hermosa testuz
Cabecea su final
Y nauseabundos paladares
degustan cuajarones de rojo sin vida

Este es el homenaje al circo de Cómodo que persiste en una de las mas detestables tradiciones que cuestionan la evolución humana. Espectáculo violento, sangriento y mortal de suyo que encanalla la conducta humana.. Institución y degradación que tiene categoría de Fiesta Nacional y que avergüenza a muchos.
En recuerdo a todos los animales masacrados en festejos populares sangrientos, contra todos esos espíritus que vinculan las fiestas patronales a la tortura de animales y comprometen el desarrollo del ser humano.

Lunes 5 noviembre 2007

sábado, 3 de noviembre de 2007

el bucle

Como en el mundo ha de haber de todo, según imperativos naturales, ¿Qué quieren ustedes que les diga? ¡¡También hay gente sana!!.. Complicado es disertar sobre esta rara especie. La salud les saboteó la oportunidad de saber apreciar la grandeza de las pequeñas cosas de la vida. Es una cruel mutilación aunque normalmente carecen de la capacidad necesaria para saber apreciar el alcance de su fortuna.
Dicen que la única forma de valorar lo que se tiene pasar por haberlo perdido. El parkinson es agencia de aventuras que hace que lo obvio, que lo asumido, lo irrelevante se convierta en obligado tour lleno desafíos. Entonces comprendemos que el devenir normal puede transformarse en una cadena de retos que están terriblemente adyacentes a la humana condición. Pero cuando ese descubrimiento resulta desenmascarado es demasiado tarde, la alternativa desaparece para dejar paso a una única opción.
Desteto y a la vez siento la conmiseración ante ciertas formas de vida, reos de la peor enfermedad que puedo concebir, el patetismo, que necesitan cualquier soporte, por indigno que sea, para focalizar su miserable entidad, un minuto de gloria bien vale un reino. Alternativa que es contemplada como trampolín idóneo pese a quien pese y caiga quien caiga. Eso de ofrecerse como modelo de triunfo es fuerte seducción para las existencias planas.
J. se presento en mi casa
-¡Marta! (mi abuela) Vengo a por tu nieto
Me llamó con notable descaro y osadía, retrepado en la miserable solvencia de un existencia muda de brillos en lo personal.
De mi mundo de sombras, desde la penumbra del miedo, donde me escondía, intentando enajenarme de un mundo que me superaba en lo mas primario, aspirando a mimetizarme con la sorda conciencia de culpabilidad que me agobiaba, aparecí, quizás en un rapto de valentía que nadie podía valorar. No hay gloria ni honor en tratar de dar la cara ante aquel, lamentable sujeto, un imbécil que no merecía mas que la puñalada pasiva del anonimato. Me asomé por la baranda de la escalera y me apoyé en ella. Recuerdo que por aquel entonces siempre debía apoyarme en algo.
-Pero ¿Es que no vas a ir a la capea?. No te va a pasar nada hombre.
-No mira, a mi no e gustan los toros y...............
¿Qué les parece a ustedes?. Con todo lo que me pasaba, con éso que estaba destrozando mi vida, venía este necio a asegurarme que con él estaría a salvo. El patetismo parece inherente a las entidades huecas de interés. Por supuesto él no se mostraba interesado en conocer de forma pormenorizada el alcance de mis limitaciones, a nadie le importaban lo mas mínimo. Se generosidad procedía la inmensa saña de vehicularme para su lucimiento, ese era su único agente causante, utilizarme para pasar a la posteridad. Que personas tan vacías aquellas que no dudan en promocionarse a costas de terribles tragedias, la mediocridad impone ambiciones inasequibles. En el fondo los mezquinos nos necesitan por que somos, en nuestra espantosa existencia, nada más que tampones o compresas que difícilmente contienen la menstruación de su ego. Sangre purulenta y anémica de valores personales. La mediocridad irrumpe con fuerza cuando encuentran víctimas que carecen del temple para presentar batalla al patrimonio pasivo nunca apreciado de caminar bien, de poseer habilidad manual, de la falta de rigidez, de la ausencia de temblor, del no bloquearse. Porque esa subraza, camina sin problemas, monda las patatas con rapidez, que no cambia de postura, ¡¡¡que sabe cruzar las calles!!!!.
J. siguió luciéndose en su pasarela, pavoneándose con aquel falso interés. Estuvo aún unos instantes cebándose conmigo.
-No hay que encerrarse coño. Eres un poco cobarde.
¿Para que tratar de explicarme? ¿Para qué decirle que mi equilibrio carecía de cimientos, que la rigidez hacia que me encorvara, que mis temblores me desanimaban? ¿Que por mi boca salía un débil hilo de voz apenas audible? ¿Que aunque no hiciera nada un pegajoso cansancio masacraba todas mis ilusiones?
Cuando agotó las posibilidades que yo le ofrecía para su lucimiento, hizo un gesto de desanimo en su meritorio esfuerzo de enseñar como se debía vivir a un ingrato como yo. Y se fue, después de todo él lo había intentado, pero con cobardes como yo todo es inútil. Seguro ya de haber intentado aleccionarme y del fracaso que suponía el que yo me negara a plantar cara a mi vida que era bien distinta de la suya, y persuadido de que si le hubiera tocado a él nunca se hubiera acojonado, decidió acabar con su labor misionera, desees de todo tenía prisa, iba dar comienzo la capea del pueblo en fiestas, asunto de máxima prioridad. Las fiestas masivas no requieren intelectos selectos . Pero aquella vez J. Quiso comenzar con una buena accion. Redimir a un cobarde, no lo consiguió por que hay cobardías extremas como la mía.

Pasando el tiempo, hace bien poco J. Volvió a aparecer por mi casa acompañado de otra joya familiar para ver a mi padre en decadencia ya. Estaba en la habitación contigua, me saludaron desde lejos. Pude oír las soberanas estupideces que so capa de consejos le daban a mi padre. “Hay que moverse un poquito, debes andar mas”y el otro terció con muy parecida omnisciencia ¡“hay que comer mas cojones”!. Claro el hecho de que mi padre camine con paso cortito y vacilante en sus oz no es relevante, como tampoco lo es el que padezca inapetencia medicamentosa, no es importante.
Mientras yo afilaba la espada meticulosamente harto ya de tanto agravio, en cuanto vinieran a saludarme iba a decirles cuatro frescas cuatro tajos que hicieran daño. Porque ya no soy el mismo que no quiso ir con el a la capea., por obra y gracia de la levodopa. Pero no se, se fueron sin entrar donde yo estaba. Una pena.
Pobre gente sana, son como arietes, embisten con el privilegio de no tener limitaciones creyendo poder destruir puertas que no conocen, tienen el tesoro de la normalidad, pero están condenados a no saborearlo.
Somos piedras que no sobresalen del empedrado por arriba sino por el subsuelo, nadie lo puede advertir, en el firme, por arriba, dejamos el socavón que todo el mundo esquiva o evita.
SABADO 03 NOVIEMBRE 2007

sábado, 27 de octubre de 2007

MIRANDO ATRAS

JUEGOS DE INFANCIA
Como todos soy víctima ocasional del bibliotecario siniestro que gobierna con criterio propio y a mis espaldas los anaqueles de ciertos recuerdos. Si una persona cerebral pasa por ser fría y calculadora. En el negociado del bibliotecario llamado inconsciente todo escapa a ese control. Si paradójico es que la ecuación de la relatividad universal contenga en su enunciado una consatante, mas lo es que la víscera de la humana inteligencia albergue en su estructura un recinto en el que la consciencia brille por su ausencia. Esta claro que los extremos conviven en ámbitos adyacentes.
Un sabor, una fragancia, un color, un tacto o un sonido inadvertido sirven para poner en primera escena un episodio insólitamente olvidado. Pero hay otos episodios en nuestra existencia que quedan indeleblemente bordados en el bastidor de la existencia. Como los juegos de la infancia.
PASADO TURBIO
Ya desde que senté plaza de nanohumano que es lo mas bajo en la administración temporal del humano devenir, y merced a una sólida formación audiovisual recibida a trabes del aparato de televisión (series inmarcesibles como “El Virginiano” o “Bonanza”) y algún que otro deleznable western contemplado en las salas de proyección del Cine Ideal previa visión de NO-DO y música de Adamo el de las manos en tu cadera y el mechón de tu cabello. Enseguida gustóme darle al gatillo, específicamente lo mío era el exterminio de los indios. Esos que siempre morían por el simple hecho y la simple razón de ser los malos. ¡Ah aquella maldad! ¡Cuán sencillo era de ubicarla!. Los malos eran los indios ¿por qué? Facilísimo de responder ¡Eran malos por que eran indios!. Me gastaba yo por entonces muy malas moscas y aquellos canallas me buscaban las vueltas nada menos que secuestrándome a la chica del grupo. Díganme ustedes, ¿Íbame yo a quedar tan tranquilo mientras aquellas alimañas cometían semejante tropelía con Merceditas?, por amor de Dios, ¿Es que no merecían aquellas etnias levantiscas y facinerosas que alguien como un servidor de ustedes les sentara la mano como merecían?. Yo era pacifico hasta que se me tocaban las narices. Imagínense ustedes los excesos que cometerían a buen seguro con Merceditas quien como ya supondrán ustedes era señorita de buena familia, pía y hacendosa. La designación entre los que iban a hacer de indios era la obvia, los mas guapos y buenos éramos los americanos (espantoso latrocinio histórico porque en esencia eran los indios los verdaderos americanos, pero ¿quien reparaba entonces en tal minucia?), y aquellos de la pandilla peor encarados, obesos, feos a la postre no podían por decoro menos que encarnar a aquellos salvajes. Tuve que dar muerte a muchos de ellos porque lo merecían. Habrían de pasar muchos años para que Kevin Costner demostrara para siempre que hubo una orgullosa cultura, pletórica de valores y modelos).
EN BIEN DE LA CIENCIA
A mi etapa de cazador de indios siguió mucho mas acorde con mi naturaleza, Me entregue por la ciencia en bien de la humanidad, de forma desinteresada monte una consulta de practicante. Y pronto mi denodada labor me creo un sólido prestigio que redundo en una selecta clientela siempre femenina que acudía a mi consulta al objeto de inyectarse boticas de toda índole almacenadas sólo en las estanterías de la mas singular apoteca ubicada en las calles de mi imaginación. Yo era un facultativo de unja generosidad sin parangón posible con todos los galenos de la autoridad facultativa. Jamás me interesé por el cobro de cheques en igualatorio alguno, la burda materia, versus dinero, no formaba parte de mi esforzada aportación a los logros de la ciencia. ¡No señores! , lo digo utilizando como caballete mi sinceridad más verídica. Nunca fui interesado. Aquellos tiernos culos lo eran todo para mi, fíjense mi sinceridad que me emociono al contarlo, siento como si un boloncio obturara le trafico de mi esófago al pensar en ello. Pero la condición humana es insólita, amigos. ¿Cómo creen que se me pagó ese desinteresado desvelo por la salud de mis vecinillas?: ¿Acaso piensan ustedes que se me rindió público y merecido homenaje? ¿Qué la corporación municipal, de Leganés recibió firmas en apoyo para que se pusiese m nombre a alguna calle, por periférica que fuese?. Varias lechuzas, madres de algunas de mis clientes pusieron el grito en el cielo al conocer de mis actividades. Este ha sido el sino histórico de la labor científica, la incomprensión aliñada con la envidia, la incomprensión guisoteado con la soberbia. Esas urracas disolvieron mi consulta, como aquellas masas que despedazaron a Hipatia. Espantosos dicharachos hube de soportar, los sinvergüenzas, bribonazo, y aun salido brotaron de aquellas bocazas profanas, legas en saberes, en forma de punzantes saetas, ávidas de traspasar mi vocación de mártir. Desde entonces mi consulta perdió en afluencia de bonitos traseros y ganó en la desolación que produce vegetación parasitaria. Ningún glúteo se expuso ya a labor facultativa. Y yo, asqueado de la humana ingratitud, de la ponzoñosa envidia de los espíritus cicateros. Abandoné mis investigaciones.
MACEDONIA DE QUEHACERES
También fui torero, con palo de escoba y trapo rojo, ante cornúpetas humanos, eso si. Que deleznable cultura aquella que induce a los críos a emular a sus mayores en sus manifestaciones, sobre todo en aquellas que debieron haber caducado en la evolución al humanismo (¿lo oye usted Velez?). Que detestable país aquel en que algunos padres inician a los hijos en el mas bárbaro espectáculo, henchido de sangre y violencia. Vean ustedes como la herencia del más extraordinario imperio que ha dado la historia aparece también manchada. El circo de Cómodo, salvaje costumbre para solaz de una plebe degenerada, aun sobrevive en la Hispania con el presuntuoso nombre de “Fiesta Nacional”. El que ha visto el Puente de Alcántara o el Acueducto de Segovia, como un servidor de ustedes, no puede por menos que maravillarse anta la extraordinaria intemporalidad de la ingeniería romana, sillares que desafían el paso de miles de años, arcos de eterna pervivencia. Arte y utilitarismo sublimados e íntegros al paso del tiempo. Nada hay comparable a la aportación Roma, en arquitectura, en cobertura legal de corpus legislativos que aun son materia de estudio en las Facultades del Derecho. En inextinguibles caminos de empedrado aun vivo. Pero nada “es” absolutamente bueno amigos. Lo perverso también puede atravesar la vegetación de la historia. Y a día de hoy tenemos que soportar esos mamarrachos de valentía primaria e innegable que basan s éxito en cierta destreza de sus cuerpos nada meritoriamente jóvenes, que basan su éxito en su arrojo. Eso es lo que aún excita al populus. El arrojo vistoso del solsticio de la vida, la juventud. Cuantos desafíos mas importantes hay que pasan inadvertidos, ese parapléjico que ha de enfrentarse todos los días a su silla de ruedas o ese enfermo de Parkinson tan débil y cobarde que ni si quiera sabe cruzar la calle. Y que premios tan diferente se llevan, lo pies ligeros de un joven matador de toros (¡¡matador de toros!! ¡¡Excelsa profesión!!, finalizador de vidas) que merece los lauros públicos de valiente y arrojado frente al que titubea en una calle, tiembla en un autobús o se arrastra por las calles estos son la basura, el lumpen, a los que le caen apelativos tan cariñosos de borracho o drogadicto. El populux no escruta, no inquiere, solo vibra ante lo vistoso, lo otro no interesa. Grandes valores no cabe duda. Por eso caminan, aunque se declaren ecologistas y progres, rumbo a la plaza de toros, gigantesco plato de sangre, por que quiere ver aquello de lo que carece, el valor, y deleitarse ante al llamada primigenia de la efusión de sangre.
Los taurófilos pondrán todo tipo de argumentos para ocultar que son capaces de pagar para ver sangre. Hablaran de una raza de toros creada para ese espectáculo. Hasta llega su perversión, su afición a la sangre y la violencia es tal que han sido capaces de crear el soporte animal preciso. Como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.
Y como epilogo refiero ahora no una actividad profesional de mi inquieta infancia sino un penoso episodio de corte verídico.
Allá por las tiernas edades mi hermano y yo cortejábamos con la seriedad debida del caso a nuestras dos microvecinas Merceditas y Petrita. EL galanteo se sustentaba en una especie de Olimpiada floral que consistía en la máxima recolección posible de un floripondio amarillo cuyo nombre se filtró por los desagües del pasado. Petrita se forjó sus ilusiones, Petrita se veía coribante con su cesto henchido de vistosos motivos florales, Petrita construyó castillos en el aire almenados de fragantes pétalos, de copas de cristalería vegetal, pero Pedrito era un ser humano sólo, Pedrito contaba solo con un par de manos a juego, Pedrito era falible. En plena competición cuando ya tenía en mi mano obra de diez o doce unidades, se me ocurrió mirar a mi hermanito y rival, parecióme que s eme venía encima media bóveda celeste, me llevaba una ventaja de uno a diez. Cuando la prueba acabo, Merceditas saltaba como un gorrioncito pletórica de triunfo y flores, mientras Petrita sorbía en amargo néctar del fracaso, desolada pidió a su mama profesar como novicia ursulina. Desolado, amargado, aunque había quedado segundo, sentéme desesperanzado, roto, quebrado por los acíbares del destino, insensible a toda manifestación exógena. Sumido en los grisáceos océanos de la desdicha, no reparé en el lugar elegido para el asiento, inofensivo agujerito en la tierra que escondía espantosa marabunta de insectos infatigables. A pesar de las pertinentes investigaciones ordenada por Naciones Unidas, nunca se pudo fijar el momento mismo de la invasión flagrante. Ser cree que tropas de élite franquearon ilícitamente la frontera como avanzadilla al grueso de un ejército tan numeroso como el del propio Jerjes en las Termophilas. Con sigilo sólidas formaciones de combate tomaron posiciones con sincronía prusiana. Y en el momento acordado las hostilidades comenzaron con fuego graneado. Mil pinchotazos inferidos por mil nanomandíbulas hundieron su obra viva en el suelo patrio de mi dimensión corporal. Enloquecido por la atomizada contundencia de la batalla y no sabiendo donde iniciar sincronizada contraofensiva, incoordinados manotazos, como la artillería pesada hace batiendo el terreno en disputa, causaron alguna bajas en el ejercito agresor, algunos grupos de hoplitas saltaron por los aires. Peor el ataque era masivo en extremo. Así que comenzaron mis berridos, superado por la situación. Aunque las dermalgias que derivaban del monstruoso ataque, especialmente lacerante me resulto el asalto en cierto páramo escondido y localizado en el arranque de las dos piernas que poseo en propiedad, donde figura el conflictivo órgano que acredita mi género sexual. Allí se cebaron los que sin duda eran regimientos de granaderos, artillados con piezas de grueso calibre, hubieron de atormentarme de forma bárbara. Tanto que la mama de Merceditas me despojo del pantalón corto y deshizo las formaciones atacantes con suaves golpecitos, siempre aconsejables por tratarse de orografía sensible en extremo. Pero al quedar mis miserias expeditas a las miradas curiosas tanto de la victoriosa Merceditas como de la novicia Petrita. El embarazo y el atentado al decoro plástico no pudieron por menos que afectar a los cimientos de mi amor propio. En tales términos que fui incapaz de afrontar por un tiempo las microrisitas de mis vecinillas.
Como ven ustedes he vivido mucho e intenso y ha habido de todo y que no he dudado en referirlo íntegramente en homenaje a los virtuales lectores


Y no lo olvidéis. “Todos los sujetadores son biplazas”
SABADO 27 OCTUBRE 2007

miércoles, 10 de octubre de 2007

LOS AMANTES DE CLIO

Dicen que la historia, mas concretamente su musa, Clio, solo gusta de amantes que presentan los laureles de la victoria, prostituta de elite es. Como lector de sus textos no puedo decir mas que siempre sentí ternura por los perdedores. Aquellos que quedaron sin razones por desheredados en la herencia del triunfo.
Recuerdo una imagen manoseada por los proyectores de nuestro pasado. Aquellos detritos del desecho Ejército republicano, cansado, aterrado y acosado desde la Batalla del Ebro. ¡Que radical es el contraste entre un Ejercito victorioso y uno derrotado!. ¡El maldito dualismo simétrico!. La guerra debería ser la definición perfecta de todo aquello no que solo es no humano sino, sobre todo, de lo que es inhumano. Pero es una enorme paradoja, un contrasentido, que el hombre lleve dentro de si su propia destrucción. Es como ser y no ser a la vez, como nacer muerto. Los soldados, reos del peor delito que contempla la historia, la derrota, enloquecidos por una huida frenética, malparados por los avatares mecánicos y neutros de la guerra, cojeando apoyados en fusiles sin entidad ya, transformados en muletas y bordones, acusaban en el pergamino de sus rostros la triste caligrafía del infortunio bélico. Pero no hay clemencia para un bando que no ganó. No hay razón, desde luego, pero tampoco piedad, no hay conmiseración, desde luego, pero tampoco cabe duda que son los malos una vez derrotados. Hombres cansados, de ardor guerrero atenuado por la fatiga, que en su día día marcharon briosos al compromiso histórico de una causa tenida por justa. Destinados por su imprevisible inviabilidad histórica.. Peor creo que no es ese el mas grave síntoma de su tragedia. Me atrevo a decir que una insospechada enfermedad es la que de verdad atormenta sus almas. ¡¡Les debió doler España!!, la que ellos querían, por la que ellos lucharon, la que nunca fue, la que nunca será, para ellos al menos. Nada mas alejado de mi propósito que el de analizar nuestra guerra civil aquí y ahora, créanme. Mi objetivo quiere ser mucho mas universal, mas genérico. Un español vencedor no debería jactarse de su victoria cuando esta implica la existencia de un español vencido, porque no hay victoria en ello, o no debería haberla. El bando vencedor lucho y ganó pero también se ensoberbeció y magnificó el alcance de su fortuna, Ninguna victoria puede acreditar el título de propiedad sobre una tierra, sobre un país. Fíjense que digo un país, no su país, por que el país era y seguía siendo el país de todos los que en él nacieron.
A día de hoy, muchos años después, el diputado Felipe Alcaraz, de significación comunista, allá él con su compromiso político, encabeza una campaña para la rehabilitación de los muertos del bando derrotado de la guerra civil, nada mas digno de alabanza puede haber. Es de justicia histórica el hacerlo. Estas pretensiones son de justicia inapelable, pero cuidado, todo esto está bien , Pero no lo es ya tanto por lo que no se hace.
Y hay unos muertos de los que nadie se acuerda. Que cayeron victimas de aquellos que presentaban la misma opción política que la del Señor Alcaraz, espero que solo sea de nombre. Aquellos trostkistas del POUM, los seguidores de la heterodoxia comunista criminalizada y sentenciada por Stalin. La purga del 37 extendió uno de sus tentáculos hasta la piel de toro. El Partido Comunista de entonces de orientación inequívocamente estalinista, al que pertenecía ese Santiago Carrillo, que hoy advierte sobre los modos autoritarios del señor Aznar, fue el brazo utilizado por el padrecito Stalin, para masacrar la herejía de Leon Trotsky. ¿Esos muertos no merecen rehabilitación histórica alguna?. Parece que no.
De modo que menos victimismo por parte del PC y mas dosis de verdad histórica. Un servidor llegó a escribir a la fundación Andreu Nin, el mártir del trotkismo español, asesinado en una checa, interesándome por lo que me parece un reivindicación de justo contenido. Pero la callada ha sido la respuesta.
Yo que detesto los excesos del bando ganador de nuestro conflicto civil, creo que tampoco conviene ser maniqueísta. Complejísimo es situar el bien y el mal, e imposible ubicarlo a gusto del usuario.
Ojala nunca mas existan LAS verdades y que solo haya LA verdad.


Miercoles 10 octubre 2007

lunes, 24 de septiembre de 2007

VACIOS Y OQUEDADES

Niestzche habla después de su colosal afirmación en la que declaraba la muerte de Dios, que seguía un gigantesco vacío, producido por el colapso de la ilusión masiva mas exitosa de la historia, ubicado en la humana conciencia, Dios. Esa fue la sensación que me sobrevino cuando el Sinemet debilitó al ejército del mariscal Parkinson, que llevaba años sometiéndome a un agobiante y cada vez mas estrecho asedio. Pude respirar finamente, pero el paroxismo de esta victoria me hizo caer en la falsa ilusión de creer que las tropas que me cercaban se habían retirado a sus cuarteles. Para siempre. Nuevamente quedo constatado, cómo los arrebatos humanos, de uno u otro signo, o, si quieren ustedes, las flaquezas, distorsionan la realidad. La modifican, la adecuan al estado anímico de forma tan subjetiva como irreal. El enemigo acusaba menor combatividad por los obuses de la levodopa, pero seguía al acecho, pacientemente, esperando un descuido, que el artillero olvidase cargar las granadas para volver a la insolencia de otros tiempos. Miles de proyectiles han estallado en esta nueva fase de mi conflicto, son ya 15 años, en permanente estado de excepción, nuestro éxito radica en creer que hemos podido ser persona, que no es mal logro. Pero, señores, aquel primer mes de tratamiento, con la ebriedad propia del éxito llegó a persuadirme que estaba a un paso de la salud definitiva. Hoy sé que ésto es imposible. Era tal mi osadía que me llevaba a recorrer mi ciudad de punta a punta con la energía de un centurión romano. Mi auto confianza iba asentando los cimientos propios para enfrentarse a la vida, pero la sensación de un espacio nulo de contenido, de un vacío atrapado entre las concavidades de la sensación, nunca me abandonó, y no tuve tiempo de acumular proyectos, quizás algún ligero esbozo que se transformó en palimpsesto erosionado por los soplos de la realidad. Hubo demasiadas cosas que asumir y el tiempo fue poco, Nuevas guerrillas afectas al ejercito sitiador, de menor cuantía y efectividad, aparecieron con nombres de origen griego o latino. Discinesias, offs, etc. Sus ataques no son determinantes pero si molestos, incómodos. Pero quien vivió el infierno puede sobrevivir en un desierto. Sobrevivir, esta creo que es mi mayor hazaña. Confieso que me gustaría vivir en toda la extensión de la palabra, pero es lujo que no me puedo permitir, Aunque treinta años valen para cicatrizar, siempre eventualmente, mis heridas. Pero amables señores sí me sirvió para bajar de pedestales a quienes subí desde la certeza, muerta ya, de creerme un despojo, un detrito, un presidiario del inframundo de la consideración humana. La gente es, y lo digo poniéndome la toga del juez mas equitativo, vulgar e intrascendente. Hace mucho que dejaron de impresionarme aquellos que se jactan de su éxito en la vida por tener familia y vida profesional, es fácil decirlo, creerlo, desde la salud. Pero algo hay mas grave. El prójimo padece esa jactancia de creerse capaz de poner colores a sus vidas aferradas solo al gris, no dudan en compararse con aquellos que vacilan ante las masa prosaicas tareas que contrapone el vivir. Estas formas de vida caen en la peor de las maldades, aquella que es operativa solo desde el desconocimiento y la omisión. Juzgan sin leer los sumarios, que hacen daños de verdad solo para focalizar una atención que de ninguna otra manera consiguen, gente irrelevante que hace daño de verdad sin importarle lo mas mínimo. Y Esto lo confirmarían la mayor parte de agraciados por la lotería del parkinson. Pero esto se aparta del objetivo de este breve texto cuyo único objetivo radica el hacer notar para el común de las gentes que incluso lo pernicioso, una vez superado, acusa su ausencia.Termino con un saludo par varios amigos que sin duda me entendieron por estar en la misma trinchera, aunque alguno de ellos ha demostrado no ser tan amigo.

Lunes 24 septiembre 2007