jueves, 6 de marzo de 2008

AJUSTE DE CUENTAS

Me crié entre las coordenadas que definían la cosmovisión imperante en aquel tiempo. Sé que no es ninguna novedad y que todos estamos entre las rejas de la época en que nacemos, pero no es menos cierto que somos configurados por la moral en la que caemos, creo que muy pocas veces para bien. Y digo mas, hace ya mucho que intento desembarazarme de toda aquella compulsión que me fue inoculada en mis comienzos académicos, y no es tarea fácil, no lo es, no señor.

Los años 60 son el marco del retrato de mi niñez. La mía es archisabida. Los niños de color azul, un color muy en boga, por que de esa tonalidad obscura era uno de los colores que habían ganado una guerra que el rojo había perdido, junto al negro de la sotana y al plateado del sable. Mala troika para detentar cualquier gobierno, aunque creo que la alternativa tampoco era muy prometedora. Y la niñas el color rosa, por supuesto. Segregación de ambos sexos en la educación.

Tendrían que pasar unos cuantos años cuando al propinar un azote amoroso en el perfecto culo de mi primera novia Mercedes, la temprana adolescencia para mi viene definida por culos de impecable geometría, comprobé casi dolorosamente para mi mano transgresora que las delicadas, tiernas y sobre todo inferiores niñas (según decía el curángano que nos daba la catequesis) podían tener unos músculos fibrosos y duros, tanto como los niños. Algo de mi vida viene marcado por tan risueño acontecimiento. Aquella sonora palmada es un hito. Hay un Pedro antes de aquella liberalidad con la chica y otro después. He de agradecer mucho a la enseñanza inherente a ese episodio y también a Mercedes, pero esto ya sería otra historia.

Si jugar al fútbol durante horas, cosa de hombres, era un excelente ejercicio, esto no tiene duda, el saltar a la comba tampoco es moco de pavo. Los cimientos de una sociedad misógina y machista no me parecen tan sólidos. Si las nenas eran torpes con un balón en los pies, no se debía a una incapacidad de género, no seamos cínicos, la causa es que les estaba vetada semejante actividad. Si no hubiera sido así, a buen seguro que hubieran driblado, regateado y fintado en el peor de los casos como lo hacíamos nosotros, no hay tanto misterio en ello. Esta arbitrariedad etológica me parece extensible a todo, y se me antoja vergonzosas el corolario es innegable, hemos hecho a la mujer tal como es hasta hoy. La metodología ha sido profundamente injusta, por que semejante ingeniería tiene por base la de considerarla inferior al hombre. No nos referimos a una afinidad biológica que presenta sensibles diferencias de todos conocidas, no me digan ustedes que no, porque si lo hacen les mandaré a paseo. Pero la igualdad que en buena ley merecen, no es otra que la de ser objeto de derecho en todo lo que atañe a su condición humana, la misma que asiste al macho secularmente dominante. Pero dentro de este calamitoso orden de cosas y sin negar que hemos construido un sistema de poder, ¿como llamarlo?, ¿Androcracia?, que esta en manos de sexo masculino solo por superior fuerza muscular. Tal es único fundamento para avalar milenos de opresión, única superioridad en fuerza física. Recuerdo algún manual del glorioso movimiento nacional salido de la sección femenina de Falange, que me pasó una amiga, en el que se constataba que la mujer debía consagrarse al hogar y tenerlo listo para el "reposo del guerrero", solo se constataba,, nunca se explicaba el por qué.

Si somos responsables de la modelación biológica de la mujer, insinuándolo con la cautela debida, pues algo también corresponderá a la Naturaleza, a la inercia vital, al darwinismo o a qué sé yo qué, el hecho es que en muchos casos el resultado de esta situación ha deparado una bonita realidad. Y añado que esa bonita realidad no tiene por que no poseer los demás complementos de la condición humana, todos ellos. Los buenos y los malos.

Hoy día el deporte y la alimentación pueden hacer de una delicada chica una excelente atleta. Con alguna diferencia en cuanto a fuerza bruta, es verdad. Pero si es esa la base del predominio secular de una sociedad masculina, que lo es, no cabe duda, no es para presumir de ello. Es desolador pensar cuanto talento, cuanto intelecto, femenino, o, lo que es lo mismo, humano, ha sido acallado por la opresión del macho. Desde la asombrosa e insuperable Hipatia hasta hace muy poco, cuantos prodigios han sido sepultados por la imbecilidad no humana, sino específicamente masculina. Los hombres hemos construido sociedades, en las que a la mujer solo les quedaba espacio para la plástica. Creía que nada había lastrado tanto el progreso del pensamiento humano como las religiones, pero también el músculo masculino (fuera de toda connotación lasciva) ha servido de peso muerto en contra de la evolución..
A día de hoy puedo decir que las cuatro o cinco personas mas inteligentes que conozco son mujeres, quizás sea una mutación un ajuste, a alguna de ellas se les queda pequeño el país donde nacieron por que aun queda mucho por ser reivindicado y en esos países mas.

Como humano en vez de resignarme a este equilibrio, puedo decir que me alegro de que suceda, y como macho solo digo que detesto esas mentalidades que pretenden dar una superioridad por género, y el que se crea superior por ello, que lo demuestre.

Ahora bien amigos, una frustración si me queda, el no haber comprobado mucho más a menudo de forma palpable la estructura muscular del culo de mi novia aquella........

6 marzo 2008

martes, 5 de febrero de 2008

¡ORTO U OCASO!

El soldado Hipólito se veía impelido a la sinceridad en aquellas guardias nocturnas, con el sublime techo, pródigo en destellos de plata, sobre su cabeza, que le parecía el espejo donde se reflejaban los deseos mas ardientes de millones de almas que añoraban una vida perdida, rota ya, una terrible ficción que consumía insaciable miles de existencias jóvenes. Aquellas noches de filo frío y metálico parecía penetrar hasta los huesos con su inexorable realidad, adhiriéndose a ellos y dejándolos marcados para la guadaña final.
El soldado Hipólito, como otros soldados, recordaba allá en su pueblo los duelos, los funerales y los entierros y no podía enajenar una sonrisa insólita. La muerte era entonces algo lejano y temido, mediatizado por el temor que suscitaba. ¡Temer a la muerte!, esta sentencia le llevaba a sonreír de forma socarrona. La muerte era algo inmediatamente adyacente a la guerra, por inminente era pura lógica en un contexto muy determinado, y en este, lo realmente asombroso era no morir. Aspiró con profundidad una bocanada de humo de su cigarrillo, cubriendo por instinto adquirido, el pequeño orgasmo de la brasa del tabaco que se convertía en tímida bujía en la nada negra de la noche imprecisa, insolente para el destino. Era consciente de la presencia de francotiradores, que apenas necesitaban una leve referencia lumínica para asegurar un disparo que deparaba una muerte. Recordaba a los novatos, a los reclutas bisoños, sumergidos en la marea del miedo, zozobraban en la angustia de su desesperación por aferrarse a la vida, impulso que era en ellos tan fuerte que les llevaba a la desesperación. ¿Que significa eso de querer vivir desesperadamente a pesar de todo? Algo irracional que racionalizado ofrece ciertas dudas. Las condiciones en que se vive, esas deberían ser las directivas a contemplar a priori. ¿Todas la vivas merecen ser vividas?, dat is de cuestion (dicho sea en ingles de Oxford). Todo aquellos para los que vivir representa un desafío mayor por enfermedades, situaciones determinadas que influyen a la baja en las condiciones de vida, para los que el deseo de seguir viviendo representa una disciplina mucho mas exigente de lo cotidiano, precisamente para eso, para homologarse a los que viven en la inconsciencia de esa cotidianeidad, no por tener asumida que esa rutina vital es lo obvio sino por vivirla con la indolencia del que la disfruta. Representa a aquellos que en un rally compiten con un modelo de menos caballos, de menos estabilidad, de menos adherencia que los demás, aquellos que si llegan lo hacen en los últimos puestos cuando ya no hay ni fotógrafos, ni cámaras, ni siquiera público, con las ruedas rotas y el motor humeando. Aquellos cuya victoria viene determinada solo por el hecho de cruzar la meta sin importar el lugar en la parrilla de llegada, sin otra compañía que la de otros automóviles igualados por los detrimentos en su naturaleza. Todos los que conducimos estos vehículos tenemos mas madera de campeones que los otros, aunque campeones pírricos, sin botellones de champán, podium ni señorita de buen ver introducida en vistosa minifalda que nos dé un beso. Ese rally es el rally de nuestra vida.
El soldado Hipólito que se dirigió al frente entusiasmado, en la consciencia de que iba a una guerra justa, había sufrido una metamorfosis polar. Aprendió que la guerra está en el extremo mas opuesto a la vida. Que nuestro mundo sin nosotros nada es. Decidió bautizar esta gesta

como pensamiento crepuscular. Por que la aurora del crepúsculo es la tibia claridad que puede preceder al amanecer, al nacimiento del día, también puede ser el proemio del ocaso, la muerte de ese mismo día. Aprender a valorar la vida, la pedagogía conquistada por el soldado Hipólito, fluctuaba en el acaso de un destino incierto sumamente vulnerable a la existencia. Para los demás se muere igual conociendo el pensamiento crepuscular o haciéndolo en su ignorancia. Se llega igual a la meta independientemente del modelo, pero hay llegadas que son despreciadas.
Este es el pensamiento crepuscular de los que llevamos el estigma de una carencia. La vida cotidiana, la que vive una mayoría ha sido perfectamente valorada por nosotros, hemos aprendido a apreciarla desde el punto polar que nos aleja de ella. El enigma radica en la misma duda del soldado Hipólito. Estamos en el crepúsculo, ante la tímida claridad que precede al orto de un día en que recuperemos nuestra salud y sepamos vivir la totalidad de aquello de lo que ahora carecemos o por contra nos encontramos en el crepúsculo de una oscuridad perpetua en el que la única luz es haber aprehendido el valor de lo que nunca tendremos.

5 febrero 2008

viernes, 25 de enero de 2008

EL BALUARTE DE LA FICCION

Se dice que el racionalismo no deposita su confianza en la percepción a través de los sentidos. Puede ser cierto que los sentidos saboteen la realidad. Si nos situamos entre los dos raíles de una vía férrea, frente a una prolongada recta, y miramos al horizonte, el informe óptico que nos llega al departamento central del cerebro, afirma que los dos raíles tienden a encontrarse en la lejanía. Todos sabemos que la geometría establece que dos líneas paralelas, lo serán siempre, que no hay posibilidad de fusión. Zenón de Elea con sus aporías cuestiona la percepción sensible. Sin embargo la metodología que dio a luz los descubrimientos de Galileo, muchos siglos después, se basa en un artilugio parecido a lo que podrían ser unas hipergafas. En cualquier caso un Galileo Galilei, no hubiera sido operativo si no hubiera tenido otro futuro, dicho de un modo figurado, que el de vender el cupón de la ONCE, no olvidemos amigos que la esta entidad ofrece los viernes un sorteo especial llamado cuponazo y que el premio potencial se multiplica ese día. ¿Qué seria de nosotros sin la ONCE?

Dejando los temas de enjundia y volviendo a las nimiedades, retomemos al sabio posrenacentista italiano. ¿Qué hemos de inferir de una concepción cosmológica de la que el astrónomo prodigioso se desmarcó, al dirigir en parábola sin precedentes remontándose en busca de los secretos superiores de la bóveda celeste? Supuso el mayor giro del pensamiento humano, algo excelso, sin duda, pero para un aficionado de los detalles en honor a la lógica les revelare un inapelable detalle plástico. Cuando el homo sapiens dirige su mirada a las alturas, por sublimes que estas sean, prodúcese en su cogote un feo arrugamiento híbrido entre lo hilarante y lo grotesco, la condición humana impone sus reglamentaciones somáticas también. De manera que, señores circunstantes, sépanlo ustedes, si la evocación de un personaje fundamental en la historia del pensamiento humano les produce no poco complejo de inferioridad, como es de ley que suceda, no desesperemos del todo, ya lo creo que no. Quédenos pues el consuelo de que podríamos reírnos de su cogote arrugado.

Pero volvamos al mundo previo a Galileo. Si semejante concepción hubiese pasado consulta médica el diagnóstico hubiera sido inapelable y por demás prosaico. Todo ese fraude de un pensamiento aferrado a una concepción religiosa no tendría otros pródromos (permítaseme esta palabra, y ganas tenía de coserla en el bastidor de un texto) que los de una estólida miopía, empecinada en cerrar sus ojos ante el hecho consumado de una cosmología que empezaba ya a hacer aguas. Aun persiste su pertinaz ceguera. Dicen que no hay mejor ciego que el que no quiere oír o algo así. Galileo pues merece el título de oftalmólogo universal el problema es que el paciente se obstina en jactarse en su neblina ocular.

Sea como quiera que sea los sentidos pueden hacer fraude a la realidad. Sobre todo si están acompañados por fenómenos emocionales. Si la humana visión es bidimensional solo, incidencias mas difusas como el miedo, del deseo, el amor o los celos o la soberbia también transforman, también distorsionan a la baja lo vectores que definen la realidad de manera incontrolada. Pero ¿y si pudiéramos poner la realidad, aunque fuera la subjetiva, a nuestra disposición de forma voluntaria? Es ambiciosa ingeniería esta que se pudiera basar en un mayor control mental. No transformándole entorno sino la percepción que de él se tiene. La posibilidad de convertir olores desagradables en aromas tolerables, colores depresivos en tonalidades placenteras pudiera ser posible. Después de todo ya hace muchos siglos Protágoras dijo que el hombre es la medida de todas las cosas para bien o para mal, se debería añadir.


Viernes 25 enero 2008

domingo, 30 de diciembre de 2007

SE BUSCA ANZUELO

Son las personas que se niegan a pisar nieve ya hollada las que saben a donde van. En el instituto, mi amigo Bayon me atrajo por eso. Para llegar al él había que franquear entonces un inmenso lodazal vivo en los días de lluvia. La grande mayoría prefería dar un largo rodeo por un acceso alquitranado habilitado exprofeso, poniendo extremo cuidado en no mancharse. Pronto adopte el sendero de Bayón. Mientras nuestros pasos se tragaban la distancia que nos separaba del Instituto, Bayón me hablaba con absoluta normalidad. El barro se adhería a nuestras botas como el infortunio a la vida, con esa pringosidad que obliga a apelar a los stocks de resistencia y dar un taconazo en la vida para que se desprenda, sin conseguirlo muchas veces. Pues mi amigo Bayon aun estando metido en un inacabable lodazal no perdía capacidad de conversación, solo los heresiarcas hacen cotidiana su discrepancia. A pesar de implicarme como epígono, y al contrario que el heresiarca Bayon yo intentaba seguirle pero no podía enajenarme del instinto de conservación que me impelía a negociar los charcos o las peligrosas rampas. Es más fácil cuando la iniciativa y la responsabilidad son asumida por otros. El ser humano es gregario por naturaleza.
Bayon no era líder de masas pero sí de si mismo y esto suele bastar. En una protesta estudiantil que es río en cuya corriente se deja caer la mayoría, que mantiene la espuma de su militancia a base de la indolencia adolescente, superficial e inherente a las primeras improntas de la identidad, jovialidad y superficialidad pudo verse su proverbial singularidad. Mientras la masa protestataria dirigía su estrepitoso caudal hacia el centro urbano, entre consignas fáciles, mi amigo transitaba por el afluente rebelde y contracorriente en busca de la sierra, como solazándose en sus orígenes. Discrepar también implica el compromiso espacial de ir a la inversa, que llama poderosamente la atención ajena, provocando generalmente comentarios desaprobatorios que esconden una velada admiración
Es esa rara especie de los verdaderos discrepantes. Los Giordano Bruno, Galileo, Oscar Wilde o Charles Chaplin.
Una amiga muy especial, de reciente adquisición, forma parte de esa etnia, sus creaciones llevan la divisa de los rompe cánones. Se señala por su rebeldía y resistencia a no despreciar ningún recurso que sirva para vehicular la vena artística o quizás no, puede que sea justamente todo lo contrario, el arte utilizado como medio de expresión El arte no solo es forma o plástica, quizás sea nada mas el mas hermoso lenguaje tributario del mensaje, de la idea, la reivindicación, la llamada o el testimonio. Y cuando el contenido desborda el sistema de irrigación que la sociedad preparó para canalizar las singularidades, esas inundaciones suelen ser cuestionadas. Algún día me dirás, pequeña hereje, porque los seres humanos que acuerdan reglas de convivencia tienden a condenar ciertas improntas humana dentro del corsé del tabú, por qué individualmente somos mas lúcidos y por qué lo masivo renuncia a esa capacidad analítica . En todo caso no me arrepiento de haber mordido tu anzuelo, aunque presumo que el ser como eres, el expresarte como te expresas, te ocupa tanto que no lanzas anzuelos a nadie de forma deliberada, que te basta, te alecciona saber que no te mientes a ti misma, que ya es muchísimo..En mi caso admito que pude atar el sedal en uno de los dedos de tu pie, que yo mismo puse el pequeño gancho y que mordí, como una pieza que desea ser cazada. Y que cuando salí de las aguas de tus poemas y pase a la cesta de tu capital humano pude ver que había mas, mucho mas.. Todo el que discrepa sabe porque lo hace. Con la sinceridad que a veces supuso finales terribles para el que no comulga. La duda es desde luego la mayor de las certezas humanas. Pero cuestionar lo consagrado como axioma inapelable, eso que lleva el pomposo nombre de canon, obliga a pagar el impuesto de la incomprensión primero, más tarde el desprecio y finalmente la condena. La conveniencia es pura estática y la discrepancia, sobre todo la individual, se mueve con pulsos dinámicos. La grandeza del pensamiento griego esta no en su desarrollo solo sino en la capacidad que tuvieron de desembarazarse de los barrotes de universo propuesto por lo cultos y problematizarlo, desafiando al logos (la razón) humano. Ese fue el tejido de su discrepancia. Es ese el modelo si no a seguir si a admirar, liberarse de los grillos de tradición compulsiva de la moral cristiana y ponerse medias con adornos barrocos, diferentes, penetrando con impulso propio, aislándose de un entorno restrictivo, y describiendo lo que siente con la honradez más virginal, más liberada, más genuina. Ello pasa forzosamente por pisar la nieve que jamás beso pie alguno.
Peor la actitud humana es acomodaticia por defecto, entrópica por inercia. El logos no compromete solo a la naturaleza racional, exige además otro compromiso, el de la constancia y el esfuerzo. El concepto de Dios no es mas que una ilusión masiva, como dice Paul Jonson, un mundo primario y fácil, y las supraentidades que caracterizan a los cultos no son mas que prótesis mentales ideadas, diseñadas para evadirse del compromiso de plantearse el universo como un reto, aunque otro agente hay poderosamente humano, el miedo. Es mas fácil atribuir una erupción volcánica a una supraentidad colérica que embarcarse en estudios geológicos Aliviarse de ese miedo es prioridad máxima, prioridad irracional, porque Dios es irracional o arracional. Como la más fácil alternativa el culto religioso no propone sino que impone su hipótesis, paradójicamente de forma compulsiva y excluyente, Una propuesta cosmológica que no soporta contratación alguna se presenta impositiva. Ahí radica la perversidad del culto, sobre todo si es monoteísta, la imposición resulta agobiante. No pienses, no analices, solo cree.

DOMINGO 30 DICIEMBRE 2007

miércoles, 5 de diciembre de 2007

FUNERAL DE ILUSIONES

FUNERAL DE ILUSIONES


Dicen que la metempsicosis o metamorfosis, de ser cierta, que ese sería otro tema a debatir, representa un tránsito a otra existencia que viene determinada en su índole en función de la calidad de sentimientos, de la naturaleza de comportamiento exhibido en la precedente. Recuerdo a una chica un tanto especial, de raza hindú, pero sujeta a las más universales de las pasiones, que en eso al final todos somos sinónimos, afirmando con una naturalidad pasmosa que en otro ciclo vital había sido ciervo. Extremo que me servía a mi de soporte para la ironía, abundando en semejante teoría, imbecilizándola, y simulando creerla por ser asunto este de lo mas común. Aunque su poderoso cerebro hindú, realmente notable, notaba enseguida mi incredulidad. Y me reconvenía.
-Pedrito la religión es el bastón que te ayuda a caminar en la oscuridad.
-Pequeña muñeca (“little doll” para los lectores avezados en la jerigonza de Sespir) asiática, te equivocas. Es la religión la propia oscuridad.
La diferencia que media entre mi apreciación personal sobre lo que fueron las Navidades allá en la infancia y la metempsicosis que las ha hecho cambiar diametralmente. Estas fiestas están impregnadas de engaños e hipocresía. Algunos de los primeros forman parte de cierto encanto fantástico lamentablemente caduco
Ya. Pero ¿realmente hay quien se cree mejor persona de lo que es?, n me hagan caso porque la pregunta esta mal planteada. ¿Realmente hay quien no se cree mejor persona de lo que es?. ¡Ah, la vanidad es el intransferible sastre que nos hace vestir los tejidos de la presunción y nos persuade de que semejante indumentaria se adapta a nosotros de forma impecable!. No hay mejor ciego que el que no quiere ver. Pero el ultimo ámbito nuestro, el inconfesable, el de residencia inapelable en nuestro yo mas sincero, resulta inclemente en los mas humanos raptos de conciencia de una realidad solo sospechada.
Quizás la mimetización integral sea una quimera porque debe haber algo en nosotros que no se presta a que el engaño sea completo.
Resulta detestable que las Navidades invoquen a lo mejor que tenemos en nuestro patrimonio humano solo por unos días. Porque en buena lógica esta debiera ser disciplina continua y pactada con nuestra existencia. Ser bueno por compromiso social s ser necio por juicio universal. Con el agravante que supone la mezquina consciencia que confirma semejante mezquindad.
Confieso pertenecer a ese angustioso colectivo que se ajusta a la ética diseñada que depara una bondad forzada por puro esfuerzo intelectual, por sesudo descarte de todo detrimento moral... Me resulta costoso ajustarme a una ética de disciplinada vigencia que conforma quizás el posible merito de mi conducta.
Los conceptos filosóficos suelen carecer de una definición oficial y universal categórica e incondicionada. A nivel personal esta imprecisión conceptual, estas definiciones multiformes y subjetivas me han producido alguna zozobra en mi posible visión del universo. Si la teoría afirma que un diccionario (el burdel de palabras y conceptos) es un instrumento de precisión, que permite ajustar el lenguaje de modo solvente lo que se quiere decir al modo de decirlo, con los diccionarios de términos filosóficos ocurre muy otra cosa. En vez del esclarecimiento del concepto por pura selección se encuentra el infeliz consultante con un desolador piélago de definiciones ninguna de ellas descartable, que conforma un nutrido conjunto de pareceres subjetivos que constituyen una panorámica objetiva del concepto. Semejante fenómeno puede ser trasladable a otros principios más adyacentes y universales. Por ejemplo la vida. Como ahora mismo me siento saboteado por ella me apetece significarme, me da la gana de poner un punto y aparte y lo pongo sin respetar las leyes de la expresión escrita. Hay que hacerse notar como sea.
Os hablaba de la vida. ¿Hay una vida como concepto genérico o hay tantas como usuarios? Este es realmente el quid, La vida entonces como principio pasaría a ser un concepto digno de un diccionario de filosofía por su imprecisión, por su difusión. ¿Interactúa ello como agente disolvente a la hora de precisar su aclaración de forma categórica e inapelable para aleccionar a las masas?. Es posible que si. Realmente lo que necesitamos son axiomas fijos en los que apoyarnos? Creo que en el fondo es lo que deseamos, tener las cosas claras. ¿Son los filósofos y pensadores unos tocapelotas? Si, así lo creemos. Su amor al conocimiento solo a venido a complicar las cosas. La gente, que solo esta obligada como mucho a la mediocridad, no es receptiva cuando el saber se manifiesta con registros tan elaborados. La vida que es team que atañe a todo el que la ejerce si merecería quizás una definición más universal y elástica que pudiera amoldarse a la experiencia individual para satisfacción general. El concepto de dios no pasa de ser, según creemos otra cosa que el contraveneno del relativismo. Dios es popular quizás por eso por que ofrece santuario para todos, Dios asume la responsabilidad de Todo con mayúsculas, de ahí su éxito. Es el clavo ardiendo al que las almas menos sofisticadas se agarran como alivio. La tranquilidad que ofrece la certeza, siempre artificial, de saber que hay alguien a quien achacar la autoría de las cosas. Particular resulta que los cristianos hablan de responsabilidad o autoría de las cosas, nunca culpabilidad. Quien sabe, quizás lo hacen para que les dure el invento.
Pero volvamos al propósito inicial de este texto divergente. Las Navidades. Lo diré a lo celtibero, es el atentado mas cruel a la soledad forzada, que es la peor de todas ellas. Primar a la baja el desarraigo, el fracaso, la tribulación. La espantosa y estremecedora película de la soledad tiene la mejor banda sonora original en los villancicos.

Las Navidades despiertan ya en mí una especie de alma de contable. Tiendo maquinalmente a buscar la soledad y hacer balance del año que agoniza, e incluso me atrevo con las predicciones. Pero no vean en mi un echador de cartas, se lo ruego a ustedes, porque mis predicciones no tienen grande mérito, son tan genéricas que no ofrecen compromiso especial, mis descubrimientos son de oficio. Se que tendré que luchar mas que los demás para conseguir menos. Eso es todo para mí, muy poco para los demás. Solo hay un sector muy específico de mis amigos que lo entenderán. Entenderán la grandeza de nuestra minúscula lucha a los ojos de los que no llevan el alien dentro. Es inútil tratar de explicarlo a unas personas afortunadas que ni quiera saben que lo son.
Acabada la cena de un cinco de enero en un pueblo perdido de la sierra de Béjar, en la que la estrella había sido mi abuelo, con esa gracia no buscada implícita en un modo de expresarse inusual. La forma de decir las misma cosas puede hacerlas mas o menos atractivas. Pues bien me bajé a la puerta del garaje, a cobijarme en la ergástula amena de la soledad elegida. Mientras la noche polar mezclaba mi aliento con las volutas del tabaco remontándose al escaparate de la joyería sublime de un cielo invernal pródigo en su exposición de joyas de plata, de fría plata. A mi la cúpula celeste siempre me sugiere tentaciones de fusión con ella, como esos ofidios que hipnotizan a las aves y acaban cazándola. Croe que solo responde a un deseo soterrado de huir de la realidad, mi realidad, pero ese es otro asunto. Ya me disponía a ponerme la visera de estadístico dispuesto a ajustar balance, haberes y deberes, plusvalías y deficiencias. Algo reclamó mi atención. El cortejo no báquico de la cabalgata de los Reyes Magos. Tres caballos de carga, diseñados para otras labores mas cotidianas, de acarreo y transporte de lomo tres caballos tristes, porque no decirlo, de testuz cansada y mirada muda de brillo vital. Aparecían con algo que asemejaba gualdrapa de rico tejido (sólo simulación ¿eh?), enjaezado con los mejores arreos, que no eran muy vistosos. Formaban el atrezzo de la gran ilusión infantil. Alguna hilaridad me produjo descubrir que los Reyes Magos estaban suplantados por tres conocidos sumamente voluntariosos. Pero ¿que importaba semejante superchería se estaba al servicio de hacer caer en el encanto a la micropoblación infantil?. En ocasión el fin si justifica los medios. Los tres reyes magos asemejaban un cometa que arrastraba una estela de niños y niñas con el brillo del entusiasmo chisporroteando en las hogueras de mil miradas. La estampa curvó mi boca hacia la sonrisa limando las aristas de una vida ya desengañada, refractaria a formar parte como sujeto directo de sincera implicación en el evento, mi vida. No podemos aspirar ya a estas alturas a protagonizar semejante papel que exige ya una candidez, una abdicación de la realidad que no transige con la imposible inercia de una infancia muerta por la madurez. Fije pues la mirada en mil sonrisas inmediatas, e invertí mi atención en mil carreras, algún inopinado lloricio, elemental entre semejante microfauna. Experimentando una coparticipación pasiva en felicidad y lejos en credulidad. Cuando vi al rey Baltasar imposible me fue reprimir la carcajada. Se trataba de German, uno de los hijos del alguacil de este pueblo, con la cara embetunada y meritoria voluntad, iba regando con caramelos la infantil estela. Justo cuando pasaban junto a mi casa, pudo oírse una inesperada amonestación emitida por un muñeco de tamaño liliputiense: “¡German, cabrón, tira caramelos aquí también!”. Decididamente los tiempos son muy otros. A ninguno de nosotros, en nuestra lejana infancia, se nos hubiera ocurrido llamar cabrón a su majestad el rey Baltasar porque nuestro Rey Baltasar era efectivamente el rey Baltasar, el que venía de Oriente, de un lejano reino. Pero si se piensa bien, se llega a la conclusión de que a día de hoy nada es lo que debiera ser o al menos como fué. Todo esta desvirtuado por el exceso... Nosotros solo recibíamos juguetes el 6 de enero, y el resto del año estábamos al verlas venir. Formaba parte de la magia. Dormía en un sencillo cuarto con dos camas, con mi hermano, con paredes austeras adornadas sólo con alguna estampa de algún santo, un armario primario y una bombilla de 20 vatios que lloraba unas miserables gotas de luz mortecina, el resto quedaba a cargo de la ilusión que es poderoso foco instalado dentro de nosotros. Y aquí radica la diferencia con los tiempos que corren. La iluminación interna. La abundancia ha desvirtuado el espíritu. Los dormitorios infantiles de hoy están atestados de jugueterías de toda índole y condición, por ello el entusiasmo murió.
Nosotros nos hubiéramos callado si no nos hubiesen llegado los caramelos del gran rey Baltasar, ¿Cómo enfadarnos con él si solo venía una vez al año?. Ahora están encarnados por hijos de alguaciles que además son cabrones.
La Garganta, miércoles 5 diciembre 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007

CÓMODO AUN VIVE

En un sudario de curvada arena
dicen que la muerte acecha
solo raudales de sangre
muerte vestida de fiesta
la manos hablan chocando
rugidos de plebe insaciable
a las cinco muere lo bello
nobleza y musculo negro
espada, tabaco y oro
sangre seca en el dorso
raices de flores que matan
se hunden chupando la savia
la vileza de filos forjados
un universo de ojos
arpegio de salvajes aullidos
moneda indigna
mercadeo de sangre
hemorragias de prosaicos rugidos
salvas y resplandor de manos
reflejos de barbaraie
A las cinco de la tarde
el sol empuña el cálamo
escribe en letras de fuego
una indigna hoguera
brasas rojas y pedrería
El beso imposible
la belleza tiene una fresa en la boca
la muerte labios yertos
susurros intrusos
bestial vocerío
aplauden las estrellas sucias
mientras un sol negro agoniza
solsticio de barbarie
y encanallado ocaso.
La hermosa testuz
Cabecea su final
Y nauseabundos paladares
degustan cuajarones de rojo sin vida

Este es el homenaje al circo de Cómodo que persiste en una de las mas detestables tradiciones que cuestionan la evolución humana. Espectáculo violento, sangriento y mortal de suyo que encanalla la conducta humana.. Institución y degradación que tiene categoría de Fiesta Nacional y que avergüenza a muchos.
En recuerdo a todos los animales masacrados en festejos populares sangrientos, contra todos esos espíritus que vinculan las fiestas patronales a la tortura de animales y comprometen el desarrollo del ser humano.

Lunes 5 noviembre 2007

sábado, 3 de noviembre de 2007

el bucle

Como en el mundo ha de haber de todo, según imperativos naturales, ¿Qué quieren ustedes que les diga? ¡¡También hay gente sana!!.. Complicado es disertar sobre esta rara especie. La salud les saboteó la oportunidad de saber apreciar la grandeza de las pequeñas cosas de la vida. Es una cruel mutilación aunque normalmente carecen de la capacidad necesaria para saber apreciar el alcance de su fortuna.
Dicen que la única forma de valorar lo que se tiene pasar por haberlo perdido. El parkinson es agencia de aventuras que hace que lo obvio, que lo asumido, lo irrelevante se convierta en obligado tour lleno desafíos. Entonces comprendemos que el devenir normal puede transformarse en una cadena de retos que están terriblemente adyacentes a la humana condición. Pero cuando ese descubrimiento resulta desenmascarado es demasiado tarde, la alternativa desaparece para dejar paso a una única opción.
Desteto y a la vez siento la conmiseración ante ciertas formas de vida, reos de la peor enfermedad que puedo concebir, el patetismo, que necesitan cualquier soporte, por indigno que sea, para focalizar su miserable entidad, un minuto de gloria bien vale un reino. Alternativa que es contemplada como trampolín idóneo pese a quien pese y caiga quien caiga. Eso de ofrecerse como modelo de triunfo es fuerte seducción para las existencias planas.
J. se presento en mi casa
-¡Marta! (mi abuela) Vengo a por tu nieto
Me llamó con notable descaro y osadía, retrepado en la miserable solvencia de un existencia muda de brillos en lo personal.
De mi mundo de sombras, desde la penumbra del miedo, donde me escondía, intentando enajenarme de un mundo que me superaba en lo mas primario, aspirando a mimetizarme con la sorda conciencia de culpabilidad que me agobiaba, aparecí, quizás en un rapto de valentía que nadie podía valorar. No hay gloria ni honor en tratar de dar la cara ante aquel, lamentable sujeto, un imbécil que no merecía mas que la puñalada pasiva del anonimato. Me asomé por la baranda de la escalera y me apoyé en ella. Recuerdo que por aquel entonces siempre debía apoyarme en algo.
-Pero ¿Es que no vas a ir a la capea?. No te va a pasar nada hombre.
-No mira, a mi no e gustan los toros y...............
¿Qué les parece a ustedes?. Con todo lo que me pasaba, con éso que estaba destrozando mi vida, venía este necio a asegurarme que con él estaría a salvo. El patetismo parece inherente a las entidades huecas de interés. Por supuesto él no se mostraba interesado en conocer de forma pormenorizada el alcance de mis limitaciones, a nadie le importaban lo mas mínimo. Se generosidad procedía la inmensa saña de vehicularme para su lucimiento, ese era su único agente causante, utilizarme para pasar a la posteridad. Que personas tan vacías aquellas que no dudan en promocionarse a costas de terribles tragedias, la mediocridad impone ambiciones inasequibles. En el fondo los mezquinos nos necesitan por que somos, en nuestra espantosa existencia, nada más que tampones o compresas que difícilmente contienen la menstruación de su ego. Sangre purulenta y anémica de valores personales. La mediocridad irrumpe con fuerza cuando encuentran víctimas que carecen del temple para presentar batalla al patrimonio pasivo nunca apreciado de caminar bien, de poseer habilidad manual, de la falta de rigidez, de la ausencia de temblor, del no bloquearse. Porque esa subraza, camina sin problemas, monda las patatas con rapidez, que no cambia de postura, ¡¡¡que sabe cruzar las calles!!!!.
J. siguió luciéndose en su pasarela, pavoneándose con aquel falso interés. Estuvo aún unos instantes cebándose conmigo.
-No hay que encerrarse coño. Eres un poco cobarde.
¿Para que tratar de explicarme? ¿Para qué decirle que mi equilibrio carecía de cimientos, que la rigidez hacia que me encorvara, que mis temblores me desanimaban? ¿Que por mi boca salía un débil hilo de voz apenas audible? ¿Que aunque no hiciera nada un pegajoso cansancio masacraba todas mis ilusiones?
Cuando agotó las posibilidades que yo le ofrecía para su lucimiento, hizo un gesto de desanimo en su meritorio esfuerzo de enseñar como se debía vivir a un ingrato como yo. Y se fue, después de todo él lo había intentado, pero con cobardes como yo todo es inútil. Seguro ya de haber intentado aleccionarme y del fracaso que suponía el que yo me negara a plantar cara a mi vida que era bien distinta de la suya, y persuadido de que si le hubiera tocado a él nunca se hubiera acojonado, decidió acabar con su labor misionera, desees de todo tenía prisa, iba dar comienzo la capea del pueblo en fiestas, asunto de máxima prioridad. Las fiestas masivas no requieren intelectos selectos . Pero aquella vez J. Quiso comenzar con una buena accion. Redimir a un cobarde, no lo consiguió por que hay cobardías extremas como la mía.

Pasando el tiempo, hace bien poco J. Volvió a aparecer por mi casa acompañado de otra joya familiar para ver a mi padre en decadencia ya. Estaba en la habitación contigua, me saludaron desde lejos. Pude oír las soberanas estupideces que so capa de consejos le daban a mi padre. “Hay que moverse un poquito, debes andar mas”y el otro terció con muy parecida omnisciencia ¡“hay que comer mas cojones”!. Claro el hecho de que mi padre camine con paso cortito y vacilante en sus oz no es relevante, como tampoco lo es el que padezca inapetencia medicamentosa, no es importante.
Mientras yo afilaba la espada meticulosamente harto ya de tanto agravio, en cuanto vinieran a saludarme iba a decirles cuatro frescas cuatro tajos que hicieran daño. Porque ya no soy el mismo que no quiso ir con el a la capea., por obra y gracia de la levodopa. Pero no se, se fueron sin entrar donde yo estaba. Una pena.
Pobre gente sana, son como arietes, embisten con el privilegio de no tener limitaciones creyendo poder destruir puertas que no conocen, tienen el tesoro de la normalidad, pero están condenados a no saborearlo.
Somos piedras que no sobresalen del empedrado por arriba sino por el subsuelo, nadie lo puede advertir, en el firme, por arriba, dejamos el socavón que todo el mundo esquiva o evita.
SABADO 03 NOVIEMBRE 2007